domingo, 22 de mayo de 2011
Soledad.
Sentir la soledad como si fuera tu mejor amiga, influir en ella hasta dejarla sin habla, sin nada que objetar ni ver, ni siquiera comentar. Pero tal vez ella es la que acarrea las consecuencias, no soy yo la que a cogido el poder de dejarla inmóvil en su sitio, sin nadie a quien esperar, sin nadie con quien hablar. Ella es mas valiente y ha decidido coger las riendas de mi vida, acaparando todo el poder como si se tratara de la extrema necesidad de contarle su mayor secreto a alguien. Ahora dice que soy su mejor amiga, pero yo advertí que su nombre no me indicaba que tenía que estar con ella, pero aun así, me dio pena, tanta como ahora, mientras escribo esto me la doy yo a mi misma. Decidí entonces que debí permanecer aunque sea unos instantes de su solitaria vida, hacerle mas amenos sus oscuros días. Me apoyé en la pared con esperanzas de ver a alguien tras la voz que la que se hacia llamar soledad utilizaba para transferir y acarrear mi atención. No vi nada, pero aún así la voz permanecía sonante, una y otra vez, advertía que si me iba de allí la que se convertiría en soledad sería yo. Pero no me sentía así, en mi vida me había sentido como la misma palabra lo indicaba, sola, entonces decidí irme, que fue en ese momento lo que vi mas correcto hacer. Al día siguiente como si todo hubiera sido un húmedo sueño, por todo lo que había sudado aquella noche, me levanté de la cama y me dirigí como de costumbre a la cocida a desayunar con mi madre, pero allí no se hallaba nadie. Asomé mi hocico por la ventana y era como si el mundo hubiera acabado y la única superviviente fuera yo. Así mismo me di cuenta de que la advertencia que la misma soledad me dio fue cierta, no debí dejar sola a la soledad, ahora, la que estoy sola soy yo. Y ahora, me limito a ser solidaria con la soledad para intentar disminuir el sentimiento de estar sola en esta mierda de mundo.
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